Por fin llegó el día que llevaba esperando tanto tiempo. Bueno, a decir verdad uno de tantos, pero tenía muchas expectativas puestas en este viaje, para ver las ballenas. Porque Tadoussac es el “país” de las ballenas.

Para poneros un poco en contexto, Tadoussac es un pueblo de la provincia de Quebec; según dicen ellos, es la capital mundial de las ballenas. Un pueblo pequeño, pero precioso. No hice fotos con la cámara buena porque hacía un tiempo de mierda.

Fuimos en un viaje organizado por un tío que se llama Stéphane (que me cag.ba de la risa con sus gracietas) que se dedica a organizar viajes, supongo que para estudiantes, porque a la excursión fuimos gente de 3 universidades distintas. El viaje era para todo el fin de semana. Salimos de Montréal el viernes por la mañana con dirección al pueblecillo. Dejamos la ciudad lloviendo bastante y realmente tenía esperanzas de que dejara de llover, o bien de que allí no lloviera. Estuvimos todo el día viajando. Ruth, Gemma y Lucía (Isa se quedó en Montréal) viajamos con este tío en su furgoneta de 12 plazas, mientras que el resto de la expedición iba en un mini bus (que me imagino que irían bastante más cómodos que nosotros).

Stéphane

Nos tiramos todo el día viajando, tras pausa, primero para zampar en un restaurante de 3 cubiertos. Si amigos, 3 cubiertos… Con esto os podéis hacer una idea del high standing del restaurante. En realidad esos 3 cubiertos eran de plástico, una M gigante amarilla con fondo rojo ;), para luego más tarde hacer parada en una iglesia bastante chula (por lo menos a mí me lo pareció; se ve que Lucía no pensaba lo mismo jeje), mientras echaban sopa a los respectivos vehículos.

Llegamos por fín a Tadoussac, tras 8 horas infumables de furgo y viaje y una lluvia torrencial del carajo, transbordador incluido. Así que mis expectativas de dejar la lluvia en Montréal se fueron a la …. madre. Nos quedamos en un albergue bastante cuco, el cual tenía una caseta al lado que era un restaurante por la mañana y garito de noche. Así que después de cenar, una duchita, una partida al Trivial quebequense (WTF?), que nadie acertaba nada porque éramos guiris todos (sobre todo gabachos y algún alemán por ahí). Así que después, resulta que las chicas se habían encontrado con una pareja de españoles por ahí (hay que joderse, en un pueblo remoto de Canadá encontrarte españoles), muy majetes por cierto, nos fuimos todos al garito a mover el culo de izquierda a derecha. Ah, se me olvidó mencionar que en el camino compramos una botella de Bacardi Gold cubano de Ontario (Canadá) para celebrar el cumple de Gemma, que justo cumplía años. Estas se pillaron un pedal absurdo y levantarse a la mañana siguiente para ellas fue como escalar el Himalaya en bolas. Había que despertarse como a las 8.30 de la mañana para ir a ver a las ballenas.

A la mañana siguiente, me cambió la cara al ver que en vez de un sol radiante, había unas nubes más negras que el sobaco de un grillo, llovía como bestia y un frío de la gran siete. Adiós a mis esperanzas de ver algo de sol. Así que tras desayunar, nos dirigimos hacia las zodiac, para ir a ver a las ballenas infernales. Y fue una pena realmente grande porque con el otoño, los árboles se están poniendo de unos colores increíbles, con diferentes rojos típicos del otoño canadiense, ¡preciosos! Tengo alguna foto por ahí, pero con la niebla la foto no es muy buena.

El caso es que nos encontrábamos en la zodiac y emprendimos rumbo a las ballenas. Resultado: vimos a dos ballenas (no mucho la verdad) y una foca que apenas sacaba la cabeza. Aparte de eso, comimos agua toda la del mundo y mi pobre cámara también. Pero aguantó como una campeona. ¡Qué gran inversión hice!

Después de salir de ver las ballenas, algunos se fueron a dar una vuelta por el pueblo, pero algunos, (entre los cuales me encontraba) nos volvimos al albergue para secarnos y cambiarnos de ropa. Más tarde, ya nos encontramos todos allí y ya nos fuimos a un buffet libre para comer. Puedo decir que es el buffet libre con menos variedad que he visto en mi vida. Nada que ver con Sigland (¡gracias Suzu por haberme enseñado tan maravilloso buffet!). Una vez que hicimos los deberes, es decir, habernos alimentado, emprendimos rumbo hacia Québec. Llegamos por la tarde al albergue y tras una reunión y una duchita, nos fuimos a comer por ahí. Tengo que decir que seguía lloviendo, lo cual me dejó muy descontento. Me parece bien que llueva 4 horas, 6 horas, 7 horas si me apuráis, pero que sean 48 horas… acabé hasta el cogote de tanta lluvia.

Algunos decidieron ir a cenar a un italiano, pero un reducido grupo decidimos ir por nuestro lado. Fuimos a comer a una cadena de Fast-food que solo hay en Québec, que se llama “Chez algo” (es que no me acuerdo del nombre), que nos lo recomendó Felix (uno de los alemanes del viaje) y después fuimos a un garito que nos habían dicho que había que ver. Al final yo decidí no entrar, porque iba con la 5D (mi cámara) y no me apetecía entrar mucho. Es que cada vez me gusta más la fotografía nocturna, así que me quedé con Monika (otra de las chicas alemanas) haciendo fotos.

Estuvimos dando unas vueltas por la ciudad de noche, hasta que decidimos volver al albergue porque entre otras cosas, hacía un viento de la reput…ma madre. La verdad es que la ciudad me encantó. La parte antigua es preciosa, pequeña pero preciosa.

A la mañana siguiente, el grupo se dividió en 2 para la visita guiada a la ciudad. Estuvimos toda la mañana viendo la ciudad, que en realidad la mitad de lo que vimos ya lo vi con Monika por la noche, pero verlo de día estuvo muy bien. Luego por la tarde estuvimos dando unas vueltas por la ciudad, antes de encontrarnos otra vez con todo el mundo para volver a la ciudad. Lo bueno del día es que dejó de llover y no lo hizo en todo el día. Incluso salió un rato el sol.

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